Puerto Libre: ¡No soy misógino, diputado Benjamín Robles Montoya!

2018-07-24T13:05:59+00:00

Guillermo Hernández Puerto

Luego de la columna que escribí: ¡Oaxaqueños, en Benjamín Robles tenemos la encarnación del
nepotismo! Uno de sus cercanos que hoy es diputado electo me calificó como misógino, por mencionar en esa columna a la esposa de Benjamín Robles Montoya, Maribel Martínez, como parte del nepotismo que ante los ojos de la opinión pública y ante los ojos del virtual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, encarna en Oaxaca Benjamín Robles Montoya, porque designó como candidata a diputada plurinominal a su esposa y hoy su esposa es diputada federal electa.

Es llamado misógino al individuo que práctica la misoginia; es decir, que siente antipatía u odio por las mujeres. ¡Yo, y lo digo en primera persona, no soy misógino! Yo no siento antipatía ni odio por la señora Maribel Martínez, esposa de Benjamín Robles Montoya, dueño del Partido del Trabajo en Oaxaca y de sus prerrogativas económicas. Aprendí de mi madre, la señora Nicolasa Puerto Balderas, ya extinta, valores como la dignidad, la honradez y la dignidad.

Voy a contar una enseñanza de vida que me dio mi madre a mí y a mis hermanos, siendo ella una
mujer que no sabía leer y escribir. Nos crió en el mercadito municipal de Cacahuatepec, una comunidad como dice en su chilena compuesta a Cacahuatepec el gran compositor costeño Álvaro Carrillo: ͞Escondida tras la Sierra, hallarás la Costa chica y si pasas por mi tierra ya verás que sí es bonita͟. Mi madre tenía un puesto en el mercadito, sus paredes eran de petate y manta, tenía un aparador de madera con cajoncitos y un mostrador en escuadra, y vendía para nuestro sustento diario, chiles, tomates y remedios como la salvia, romero, borraja, gordolobo y otras yerbas medicinales con las que la gente se curaba porque no había medicinas ni médico alguno, sólo un boticario, el extinto don Napo.

Éramos muy pobres. Pero recuerdo que decían que el corredorcito de su puesto tenía mucha
suerte y las esposas de matanceros que mercadeaban la carne de res y de puerco se lo disputaban porque a temprana hora vendían el tasajo y aquel oloroso y exquisito Baso que llegaba muy temprano y que despertaba el hambre y el apetito de saborearlo.
Cuando ese exquisito manjar llegaba o el guisado de res de la mejor carne que era para la esposa del matancero y sus hijos. Mi madre nos llamaba y nos metía como animalitos bajo el mostrador para que no estuviéramos abriendo la boca frente a los hijos de las matanceras que comían ese manjar.

Pero en cuanto le decían, doña Nico aquí tiene usted este plato para que coma. Entonces nos
llamaba y nuestras tripas dejaban de gritar por el rico guisado que devorábamos. Ése es el valor de la dignidad que nos enseñó mi madre y que llevo prendido en mi corazón y mi
alma.

Me siento orgulloso de haber nacido en un humilde bajareque del barrio de Los Limoncitos en
donde una bendita mujer de nombre María dio posada a mi madre, porque no me podía parir en
el puesto del mercado. Allí corrí chirundo y chimeco por los frijoles que comí, pero muy feliz.

Mire usted, amigo lector. La señora Maribel Martínez, esposa de Benjamín Robles Montoya, es
una mujer pública porque vive del erario. Si no quiere ser criticada que deje de vivir del erario y que se retire a su casa. Desde aquí le decimos a Benjamín Robles Montoya, a Salomón Jara Cruz, a Gabino Cué Monteagudo, a Jorge Castillo y a otros miembros de la banda de delincuentes de Gabino quienes han tratado de acabar con Puerto Libre porque les duelen las verdades que digo o mis opiniones, que no podrán lograrlo ni acorralándome, mientras viva. Y esto también va para otro funcionario que nos ha dado un trato de perro como me lo dio el traidor y gran ladrón Gabino Cué. Por ahora nos reservamos su nombre.

Algunos de estos personajes que menciono y no mencionó y que llegaron al gobierno de Cué no
sacaron la cara por Andrés Manuel López Obrador cuando era golpeado terriblemente y tenía
cerrada las puertas de las televisoras, de la radio y medios impresos, y que este columnista lo apoyó en los 16 años de lucha que enfrentó para llegar a ser presidente de México, incluso tuve la invitación de Obrador para que me afiliara a Morena, que consideré un honor, pero que decliné por mi condición de periodista o aprendiz del oficio.

Además, que en la columna que titulé: ͞Le salió barato el zafarrancho de Puerto Escondido a
Meade, porque no hubo muertos͟, publicada el 18 de abril de este año, dije que sólo podrían
evitar el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, matándolo, lo que me costó que me llamaran
amarillista y seudoperiodista, algunos, en las redes sociales.

Como lo dijimos en otra columnas que publicó este diario y la revista Puerto Libre que Andrés
Manuel ganaría la Presidencia de México sin quebrar un solo vidrio. Y así sucedió. Sin jactancia alguna lo digo, porque tengo los pelos de la burra en la mano. Y si alguien lo duda que se lo pregunten a un radiodifusor; allí están mis comentarios en la radio que dan testimonio de lo que digo y afirmo.

Como colofón diremos. No soy un individuo misógino. La señora Maribel Martínez, hoy diputada
federal electa, es una mujer pública y por ello está sujeta a la crítica. Y desde aquí le decimos a Benjamín Robles Montoya que tiene en su amigo, Ericel Gómez Nucamendi, diputado local electo por Morena, quien le puede dedicar planas enteras para que lo limpie y lo presente ante la opinión pública como un santo de la política y como un político impoluto.

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