La pura simulación, Renato Galicia Miguel

2018-05-24T01:29:42+00:00

La Puerta

La pura simulación

Renato Galicia Miguel

Antes, todos los reporteros sabíamos que la gran cantidad de boletines de prensa institucionales eran para practicar tiro al cesto. Hoy se ha perdido esa sana costumbre porque aquéllos ya no llegan impresos a las redacciones sino a través de la red, donde se diluyen en la “nube”.

Todos los informadores estamos ciertos que los desayunos, ruedas y conferencias de prensa son, en la mayoría de los casos, para tomar café (cuando nos va bien, ingerir lo que no nos dio tiempo en casa, porque siempre andamos contra reloj y, buena cantidad de nosotros, bajos de presupuesto: el salario reporteril en Oaxaca es bastante menor que el promedio nacional), intercambiar confidencias y pescar al vuelo algún dato aparentemente anodino, un desliz, una actitud, una indiscreción que pueda llevarnos al camino de la real noticia, que en esos ambientes nunca está ahí, a la vista por lo menos, sino celosamente resguardada por el “funcionario público” o el líder partidista o sindical o social o empresarial y demás, en algún cajón de su oficina o en lo más recóndito de la parte oscura de su conciencia.

(En su viejo sentido, “la de ocho” y/o la “exclusiva” ya no existe, ahora ésta, lo dicen los maestros de periodismo ‒no los de aula sino los de las redacciones‒,  “es” una combinación de calidad escritural y buena información que busca explicar algún hecho, o también el resultado de una adecuada investigación. Lo que sí, nunca hay que confundir “exclusiva” con esas informaciones que filtran o  proporcionan a través de entrevistas que conceden selectivamente ‒porque les conviene o porque saben que se les va a publicar por coincidencia de simpatías ideológicas o intereses creados‒ gobiernos o actores públicos diversos a equis medios o reporteros: eso es otra cosa).

Cuando Felipe Calderón Hinojosa era presidente nacional del PAN, su servidor estuvo un corto tiempo como corresponsal de información general en el Defe del periódico “Siglo 21”, de Guadalajara. En una ocasión, fisgoneando en la sede de ese instituto político, durante un momento que me dejaron solo en la oficina de prensa, como no queriendo pude leer una carta que le estaban enviando a todos los presidentes municipales panistas donde les daban instrucciones que iban en sentido contrario a lo que en el discurso público ‒conferencias de prensa incluidas‒ aquél declaraba de forma políticamente correcta. Cuando lo abordé en el estacionamiento y le insinué la contradicción, el entonces futuro presidente de México se extrañó, inclinó la cabeza y me vio de manera acuciosa como preguntándose: “¿y este güey cómo sabe eso?”

Es una anécdota que retrata bien el comportamiento de ese tipo de políticos en relación con los reporteros: es decir, la pura simulación. Al respecto, van dos cuestiones, una de cuando ellos, ese tipo de políticos, se vuelven “funcionarios” y otra de redacción vinculada con este término.

  1. Se dice que se debe escribir “funcionario” y no “funcionario público”. No acabo de entender por qué, si la palabra puede designar a alguien que ocupa ‒y funciona‒ un puesto en alguna institución ‒en su sentido de “cosa establecida o fundada” (www.rae.es) ‒, además que en redacción periodística siempre es más recomendable repetir para ser claros que cuidar la forma, y que hasta lo que sé el pleonasmo no es falta gramatical sino un asunto de estilo: pleonasmo: “m. Ret. Figura de construcción, que consiste en emplear en la oración uno o más vocablos innecesarios para que tenga sentido completo, pero con los cuales se añade expresividad a lo dicho; p. ej., lo vi con mis propios ojos” ­(rae.es, de nuevo). Lo curioso es que la Real misma define “funcionario, ria” así: “(De funcionar). 1. m. y f. Persona que desempeña un empleo público”.

 

  1. Disfunción es el “desarreglo en el funcionamiento de algo o en la función que le corresponde” (rae.es). Luego entonces ­‒pleonasmo que solía ocupar mucho mi maestro de economía política Óscar Levín Coppel‒, en nuestro actual gobierno la mayoría sino es que la totalidad de “funcionarios públicos” son en realidad “disfuncionarios”. Sólo que aquí sobreviene toda una serie de contradicciones: porque disfuncionan en su quehacer para el bien público, pero funcionan para el de su “sistema”, es decir, para mantener el estado de las cosas, el “statu quo”, el orden establecido que les conviene política y económicamente de forma particular y grupal.

Un boletín insulso, un desayuno de prensa ‒rueda o conferencia, que son cosas distintas‒ ídem y un “funcionario” que disfunciona-funciona no son más que vicios, fallas, anomalías de un sistema fuente-información-noticia en descomposición desde hace mucho tiempo. Desafortunadamente, luego es el medio principal donde el reportero puede, busca, hurgar para obtener la noticia y, de paso, cumplir con la cuota, con la maquila, de las “notas del día”, esa tan pésima y tan arraigada costumbre con la que hay que cumplir en las redacciones de los medios.

En sus mejores momentos como columnista político, decía Carlos Ramírez que a él incluso le ofrecían la entrevista con el presidente de la República en turno, pero que no le veía caso. Julio Scherer, en cambio, comentaba algo así como que entrevistaría al mismísimo diablo. Qué puede decir en un desayuno de prensa un titular de la Seculta entrante, qué tanto se le puede sacar provecho periodísticamente hablando en una entrevista, si nada más de escucharle esas palabras de protocolo tan, pero tan utilizadas en los actos oficiales, se percibe que ya está en el juego del “sistema”.

Recuerdo la comparecencia ‒otro de esos actos tan insulsos, tan vacíos, como la mayoría de conferencias de prensa‒ única y última del secretario de las Culturas y Artes de Oaxaca anterior, Francisco Martínez Neri: un fajo de hojas, un cd, un discurso ‒incluidas las intervenciones de los representantes de los partidos políticos‒, soso, sin sobresaltos, en la que lo que se evitó totalmente fue lo que era noticia en ese momento y todos esperaban se tocara: los casos de la Orquesta Sinfónica de Oaxaca (OSO) y su director Javier García Vigil, así como el retraso de los apoyos económicos de la C14.

Quizá lo que faltan son periodistas como Oriana Fallaci, temible entrevistadora incluso para Henry Kissinger. Asuntos como los mencionados y lo declarado recientemente por viejos periodistas oaxaqueños, como Carlos Cervantes y Pedro Piñón, dan mucha tela de dónde cortar respecto a las llamadas crisis de los medios y del periodismo. Bienvenida la discusión.

Posdata.

Allá por el año 2000, en un viaje a Cancún para cubrir el Festival de Cultura del Caribe, hice cuentas sobre cuánto gastaba el gobierno de Quintana Roo por los cinco días de estancia de los diez reporteros que íbamos: sólo por el hospedaje  y los alimentos (en el Sheraton) la cuenta era mayor de cien mil pesitos. Nada más por curiosidad y porque, como ciudadanos, los lectores tendrían derecho a saber en qué se gastan sus impuestos, cuánto costará un desayuno de prensa en el Mayordomo para que los (dis) funcionarios difundan sus declaraciones consabidas.

Fotografía: polskaligaobrony.org.pl

 

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