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En busca de la seguridad en el trabajo

En busca de la seguridad en el trabajo

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Fuente: Revista Silvestre / Alinka Miroslava Ordaz García

El marco del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo evocado el 28 de abril resulta escueto, al menos para algunos, ya que hay poco que festejar y mucho para trabajar. En días pasados una serie de quejas, protestas, demandas y manifestaciones atizaron la situación de Grupo México, la compañía minera más grande en el país y en Perú, y la cuarta productora de cobre en el mundo, la cual está bajo la dirección del multimillonario Germán Larrea Velasco.

Recientemente un grupo de trabajadores de la sección 65 del Sindicato Minero exigió a las autoridades presionar a dicha empresa para otorgar el pago de sus utilidades del año 2007, el monto es de 180 millones de pesos, mismo que será repartido entre 900 mineros de Cananea (Expreso, 2017). Aunado a esto, la empresa ha dejado una cantidad menor por debajo de lo que estipula la ley para que sus trabajadores acepten, no obstante ha sido rechazada.

Por su parte, Proceso (2017) dio a conocer que el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana (SNTMMSRM) señaló a Rafael Avante, subsecretario de Trabajo y Previsión Social, como protector de dicha compañía, pues ha favorecido a Larrea en torno a la liquidación de los mineros en huelga, así como a otras empresas, por lo que se ha pedido su destitución.

Otro caso similar protagonizado por Grupo México sucedió en Perú hace poco, cuando el sindicato de trabajadores optó por levantar una huelga para pedir un aumento entorno a las utilidades que reciben. Los 2,200 mineros tomaron la línea férrea para impedir el paso del tren que lleva consigo cobre (Regeneración, 2017).

Como vemos, no es la primera vez que dicho grupo es acusado de desproteger los intereses de su personal. Vayamos más atrás, a febrero del 2006, cuando ocurrió la catástrofe de Pasta de Conchos en la que quedaron atrapados 65 mineros tras un derrumbe, pese a que se habían interpuesto quejas acerca de las delicadas condiciones en las que operaban los trabajadores se hizo caso omiso, aun cuando posterior al derrumbe y en medio de las búsquedas se suspendió el rescate de éstos por el alto índice de gas natural que se presenciaba, comprobando así el riesgo al que estaban expuestos los mineros.

Las exploraciones duraron alrededor de seis días sin éxito. Según Proceso (2017), hay documentos que comprueban la complicidad de empresarios y autoridades para maniobrar en dicha mina.

Caso contrario a lo que hicieron en Chile en el 2010 con los 33 de San José, quienes permanecieron a 720 metros de profundidad (El Universal, 2016) durante casi 70 días y fueron rescatados con vida.

El trabajo en las minas resulta peligroso, la sustracción de metales, el procedimiento llevado a cabo y las sustancias con las que se está en contacto pueden ser nocivas para la salud de los trabajadores, más cuando no se cuentan con las medidas de seguridad óptimas.

Dentro de la actividad de la minería se corre el riesgo de desarrollar enfermedades como la neumoconiosis, la cual es producida por la infiltración del polvo desprendido de minerales como el hierro y el carbón, otra enfermedad propensa a desarrollar por la acumulación de sílice es el cáncer de pulmón; por otro lado, la exposición al gas metano resulta tóxico, además de que reduce las cantidades de oxígeno.

A esto hay que añadir peligros como los derrumbes o las explosiones. Los cuales se complican cuando la ley no se cumple estrictamente y se intentan ocultar la relevancia de los acontecimientos.

Es un hecho que esta práctica no dejará de ejecutarse porque el hombre necesita del trabajo, pero, ¿hasta dónde puede conducirnos la codicia de quienes se aprovechan de nuestras necesidades? ¿Quién nos respaldará si nos encontramos en una situación similar?

@AlinkaMiroslava