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¿Cómo se mide el éxito de una Feria del Libro?

¿Cómo se mide el éxito de una Feria del Libro?

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Erick Daniel Cruz Mendoza

Regularmente el éxito de las Ferias del Libro se suele mediar a partir de indicadores meramente comerciales: metros cuadrados ocupados, número de editoriales presentadas, número de libros vendidos y público estimado; el resultado de la suma de los elementos anteriores se refleja en la derrama económica, fruto de los eventos culturales realizados en el periodo acordado. La expresión numérica sirve al final del día para engrandecer la organización, justificando su existencia año con año.

A la cifra anterior se le añaden diversos anclajes lingüísticos que hacen referencia a la grandeza del evento, los cuales se pueden leer en las portadas de los diarios cuando termina la feria. El esfuerzo y la dedicación aplicados antes y durante el acto se califican con un balance positivo o negativo según los ingresos que se generen. Por esa razón es común escuchar a los organizadores hablar de “magno eventos” y de “objetivos cumplidos” en la conferencia de prensa final.

Lo anterior sirve para rendir cuenta a los organizadores, a los participantes y a los inversores (públicos y privados), sin embargo poco se habla de los beneficios para el consumidor. Por ejemplo: ¿cuál es el grado de satisfacción del consumidor sobre los eventos culturales?, ¿cómo fue su experiencia estética?, ¿cumplió las expectativas personales?, ¿la oferta fue adecuada a los públicos presentes?, entre otras cosas que se le pueden preguntar a los asistentes.

No es de extrañarse la falta de estudios de este tipo, ya que representan mayores dificultades teóricas y metodológicas, tiempo, personal capacitado y capital. La inversión requiere un mayor costo, no obstante, su aplicación contribuye a conocer mejor a los públicos, saber cuáles son sus necesidades culturales y sociales, asegurando una planeación adecuada al contexto, esto garantiza un ganar-ganar para los interesados.

Por ejemplo, la Feria del Libro de Oaxaca (FILO) presenta su trigésima séptima edición del 4 al 12 de noviembre en la Alameda de León y otras sedes alternas (Biblioteca Profesor Ventura, Instituto de las Artes Gráficas de Oaxaca, Centro de las Artes de San Agustín, entre otros). Durante estos nueve días están programadas más de 400 actividades dentro las cuales destacan los homenajes a Elena Poniatowska (Escritora), Graciela Iturbide (Fotógrafa), Sergio González Rodríguez (Periodista) y RIUS (Caricaturista).

Además de los conciertos y presentaciones editoriales, resalta la programación de actividades de carácter científico como son la Charla con Drones y la presentación de los Payasos Científicos a cargo del Consejo Oaxaqueño de Ciencia y Tecnología (Cocyt), de las cuales no se entiende su presencia dentro una Feria del Libro que no es especializada en ciencia o divulgación.

Cabe aclarar que la FILO se clasifica como general. Es decir, existe una variedad de editoriales y títulos que van desde los infantiles, pasan la literatura universal y en ocasiones abarcan áreas del conocimiento como la historia o la geografía. A veces esto puede ser un arma de doble filo, pues “el que mucho abarca poco aprieta”.

Supóngase un caso en donde un estudiante de licenciatura necesita un libro académico editado por la universidad estatal X. Para ello acude a la Feria del Libro bajo el supuesto de encontrar un estante dedicado a la producción de conocimiento local. Al llegar se da cuenta de la inexistencia de estos espacios. Esto es impensable en un estado donde existen dos sistemas de universidades (Suneo y Uabjo) dedicadas a la investigación, sin embargo, suele pasar.

Sin duda estos son aspectos que observan quienes asisten a la ferias, pero, ¿qué pasa con aquellas personas que no logran llegar? Existen barreras que separan a los espacios culturales de los públicos, sobre esto Ana Rosas Mantecón escribió un texto titulado Barreras entre los museos y sus públicos en la Ciudad de México (2007), del cual se puede hacer un paralelismo con las Ferias del Libro.

Una primera barrera es la geográfica, en donde se cuestionan los accesos para asistir cómodamente al evento, dentro se encuentran las vías carreteras que sirven para trasladarse y las telecomunicaciones para enterarse de la programación si uno se encuentra lejos del lugar. Enseguida se plantea la centralización como un obstáculo para quienes habitan en zonas lejanas. Los museos, conciertos, presentaciones y otras prácticas culturales, en su mayoría se realizan en las capitales, lo cual reduce las oportunidades para quienes no habitan cerca de estos sitios. Una operación sencilla esclarece que en Oaxaca, 1,267,321 personas comparten el recurso Feria del Libro, dado que únicamente existen 3 eventos de este tipo (Feria Internacional del Libro de Oaxaca, Feria del Libro de Tehuantepec y Feria Regional del Libro de Tehuantepec), para una población total de 3, 801, 962 de habitantes (Sistema de Información Cultural). Imagínense las dificultades de quienes viven en la región de la Cañada o Tuxtepec para asistir a la FILO.

Ahora hablemos de la cuestión económica, en donde se encuentra la génesis de estos eventos. La Feria del Libro tuvo su auge en el siglo XV en Europa, específicamente en Alemania (Unesco), lugar donde se consolidaron los primeros impresores, editores y vendedores de textos. A ellos se les debe el negocio de la venta de libros.

Desde ese tiempo a la actualidad se han agregado otros objetivos para las ferias, por citar, la promoción de la lectura y de la cultura, el fomento de foros para dialogar problemas sociales y la participación ciudadana, en donde se pretende la inclusión de una variedad de grupos sociales.

De esta manera se entiende que las ferias tienen como fin principal vender libros, en otras palabras, activan el consumo cultural de la industria editorial, pero, ¿quién está dispuesto a desembolsar una cantidad económica para adquirir un libro? Y ¿cuánto tiempo se invierte en trabajo para comprar estos objetos?

Ahora, de todas las personas que logran llegar a la feria, ya sea porque así lo planean o por mera casualidad, quiénes tienen las capacidades intelectuales para distinguir, evaluar, participar y disfrutar de forma dinámica el programa. A esto hay que añadir la falta de un módulo de atención que cumpla la función de guiar a los lectores y no simplemente se dedique a repartir la programación. Lo anterior requiere un tipo de capital cultural obtenido mediante el estudio, la lectura y en general, el consumo de bienes culturales, entonces, ¿las Ferias del Libro son únicamente para los lectores?

Poco a poco se pueden sumar otras barreras, como la afectación o no del paisaje en donde se lleva a cabo la feria; la sacralización de los eventos culturales en donde sólo participan los ilustrados; la competencia con los establecimientos comerciales o cinemas a los cuales se acude regularmente para saciar el ocio.

Si tomamos en cuenta lo anterior pronto llegará una lluvia de ideas sobre los posibles ausentes a este tipo de programas: el padre o la madre que no puede asistir porque se encuentra en el trabajo, el hermano que estudia los fines de semana, los vecinos que salieron de vacaciones por el puente…

Ante esto cabe preguntarse si ¿las Ferias del Libro están hechas para una variedad de públicos? Si la respuesta es No, ¿cómo lograr la participación de más públicos?, ¿si estos no pueden llegar hay que ir a buscarlos?, ¿la organización de la FILO debe seguir como hasta ahora o existen alternativas para mejorarla?, ¿hacia dónde se dirigen dichas alternativas: públicos, espacios, promoción de valores, inclusión social?

Es claro que para lograr una feria “ideal” deben de darse otros escenarios: una sociedad con poder adquisitivo, la formación de públicos comprometidos con la lectura, el fomento de los espacios culturales para una variedad de públicos e incluso la movilidad de estos eventos a lugares en donde no se realizan.

Para acercase a esta utopía debe existir una planeación adecuada, para ello hay manuales, guías y estudios sobre el consumo cultural y los métodos para efectuar una Feria del Libro, son de libre acceso y si se tiene suerte lo encuentran en las ferias. Considerar estos rubros contribuye a lograr el “éxito real”. Habrá que esperar el balance final de la FILO para saber si su evaluación queda reducida a los números o en verdad existe una preocupación por el consumo cultural de los oaxaqueños.

*El programa de la FILO no registra eventos, ni vías para personas Discapacitadas. No hay espacios de negocios entre editoriales y librerías, ni agentes de venta y scout que ayuden a realizar las compras.